BULLES TUVO SU PRIMERA NOCHE A PURO LUJO Y CON EL GLAMOUR DE LA BELLE ÉPOQUE Y EL ART NOUVEAU EUROPEO

Hay lugares que nacen para ofrecer una copa, y otros que buscan construir alrededor de ella una experiencia completa. Bulles pertenece claramente a esta segunda categoría. Luego de nuestra nota anterior (ver aquí), anunciando la llegada de este interesante concepto -y que tuvo récord de visualizaciones en instagram-, el nuevo Champagne Bar abrió oficialmente sus puertas el pasado jueves 24 de septiembre en el piso 16 del icónico Edificio Comega, con una propuesta concebida alrededor del Champagne, la arquitectura, la gastronomía y una manera diferente de entender una salida nocturna en Buenos Aires.



La inauguración reunió a figuras del espectáculo como Guillermina Valdés, Violeta Urtizberea y Benjamín Alfondo entre otras, celebridades como el cantante Joaquín Levington, periodistas reconocidos como el Chavo Fucks, influencers, referentes gastronómicos, representantes de compañías de bebidas como Alex Atakán (dueño de Wine Supply) y otros protagonistas de la industria.

La noche tuvo también un marcado espíritu francés, con un show en vivo protagonizado por Zeta Katzman, una artista que se caracterizó como una cantante de cabaret parisino de los años 30, que interpretó reconocidas canciones francesas. Asimismo, el selecto DJ de la noche fue Morris Brown, quien continuará musicalizando a Bulles.




El encuentro tuvo formato de cóctel y bandejeo, con Champagne EPC, Taittinger y el espumante francés Veu de Vernay, además de coctelería clásica.


Circularon Aperol Spritz y Negronis – en versión Negroni Perfetto, con Antica Formula-, estos últimos especialmente significativos porque la apertura coincidió con Negroni Week.
La inauguración terminó funcionando así como la primera demostración concreta del universo que Bulles había planteado desde su presentación.



CONCEPTO EUROPEO
Pero detrás de esa noche existe un proyecto que comenzó hace unos 3 años, durante un viaje de NICOLÁS WEIL y GISELE ACEVEDO por Italia. Caminando por un paseo de compras al norte de Italia, cerca de Milán, encontraron un concepto gastronómico que inmediatamente pensaron que podía trasladarse a Buenos Aires.

La idea tenía Champagne francés por copa y botella, tapas, ostras, caviar, foie gras, quesos, pequeños platos y algunos platos fuertes. A eso se sumó la coctelería con Champagne y nuevas versiones sin alcohol.




La investigación posterior llevó al equipo a conocer diferentes Champagne Bars de Europa y otros antecedentes internacionales. Y allí apareció una conclusión que terminó definiendo el proyecto. “En América Latina no hay”, afirmó Weil al referirse a Champagne Bars concebidos específicamente bajo este formato. La propia marca presenta actualmente a Bulles como “el primer champagne bar de Buenos Aires”.

La propuesta tuvo incluso una primera experiencia en Recoleta, dentro del universo de Vuelta Abajo Social Club. El público era similar, pero la convivencia entre Champagne y cigarros mostró una diferencia conceptual. Como explicó Nicolás, era “el mismo segmento de mercado, pero no eran compatibles con el concepto”. La decisión fue entonces separar los mundos y buscar un lugar propio para Bulles.


EL PISO 16 DEL COMEGA COMO ESCENARIO
El destino apareció en uno de los edificios más emblemáticos del centro porteño. Bulles ocupa justo la planta superior a Piso 15 SkyBar del mencionado edificio, en la esquina de las avenidas Corrientes y Alem, con una vista panorámica a Puerto Madero y el Río de la Plata. La ubicación no había sido buscada específicamente: el espacio quedó disponible y el equipo entendió que era el lugar indicado para desarrollarlo.

La inspiración de Bulles nació en Italia, pero el proyecto terminó incorporando diferentes referencias europeas. La colección de objetos de Belle Époque de los propios responsables se integró al diseño, mientras que el estudio Michino trabajó sobre una fusión de las distintas variantes del Art Nouveau.

La intención fue evitar una reproducción literal de una época y construir un espacio contemporáneo a partir de elementos franceses, alemanes, vieneses e ingleses. Las curvas y los materiales recorren todo el salón y buscan generar esa sensación de contención que Weil definió como una “sensación de abrazo, de contención, de inclusión”.

El salón tiene entre 60 y 70 cubiertos, tiene un privado exclusivo, y fue pensado para funcionar desde las 18 hs. hasta la madrugada. Actualmente abre de lunes a miércoles de 18 a 01 y de jueves a sábado de 18 a 02 hs. También contempla eventos corporativos y una relación con el turismo que ya existe alrededor del propio edificio.

La arquitectura es parte esencial de la propuesta. El proyecto reúne diferentes corrientes europeas vinculadas al Art Nouveau de comienzos del siglo XX: Art Nouveau francés, Jugendstil alemán, Secesión Vienesa y Arts & Crafts inglés. “Queríamos un lugar totalmente integrado, en una fusión que uniera las diferentes corrientes del Art Nouveau europeo de comienzos del siglo XX”, explicó Nicolás.

El diseño estuvo a cargo del estudio Michino, especializado en arquitectura gastronómica. Las curvas, los materiales, los objetos y la iluminación fueron pensados para generar, según Weil, una “sensación de abrazo, de contención, de inclusión”.
A esto se suma una colección de piezas de Belle Époque, entre cerámicas, bronces y cristalería antigua, integrada al espacio como parte de la ambientación. El resultado es un salón de líneas curvas, con una vista panorámica que también funciona como parte de la experiencia.

UN PROYECTO PENSADO COMO EXPERIENCIA
Bulles es un proyecto que nació con la intención de desarrollar en Buenos Aires un concepto centrado en el Champagne, la gastronomía y las experiencias. La gerencia de Bulles está a cargo de PABLO WEIL, quien tiene un rol clave en la gestión integral y el desarrollo operativo del proyecto, liderando la coordinación de los equipos y llevando a la operación diaria la experiencia concebida para la marca.

Su trayectoria dentro del grupo incluye además la gerencia de otros reconocidos espacios como Piso 15 Sky Bar y Piso Cero Terrace, consolidando una experiencia vinculada a la gestión gastronómica, el servicio y la hospitalidad.


El equipo se completa con MARCELO REBOLÉ, destacado sommelier y director de bebidas, y DIEGO VELASCO, head bartender a cargo de la propuesta de coctelería y también involucrado en la operación del lugar.


También existe una intención concreta de que el Champagne pueda consumirse más allá de las grandes celebraciones. La idea es comenzar con una copa, acompañarla con algo de comida, pasar luego a una botella y eventualmente transformar la visita en una cena. En ese recorrido aparecen degustaciones, encuentros con productores, Champagne Days y otras actividades vinculadas con la cultura de la bebida.

El servicio responde a protocolos específicos de presentación, apertura, temperatura, hielo y servicio en mesa. La botella forma parte de la experiencia y no solamente del consumo. El concepto busca, en definitiva, que el cliente pueda elegir una etiqueta, recibir asesoramiento, acompañarla con comida y construir alrededor de ella una ocasión.

CHAMPAGNE COMO PUNTO DE PARTIDA
En Bulles todo comienza con el Champagne. La propuesta reúne grandes maisons, productores seleccionados y etiquetas destinadas a recorrer diferentes estilos y expresiones. La carta incluye EPC, Ruinart, Krug, Pol Roger, Billecart-Salmon, Taittinger y Salon, además de otras expresiones francesas.



EPC cuenta con Brut, Blanc de Noirs, Blanc de Blancs y Rosé, entre otras cuvées. Durante la degustación previa también se probaron sus diferentes expresiones, mientras que Tête d’Alcères Brut Réserve, elaborado con 65% Pinot Noir y el resto Chardonnay, presenta 36 meses sobre lías. Su versión rosada también forma parte de la propuesta.

Uno de los aspectos centrales es la amplitud de precios. Las botellas de EPC se ubican alrededor de los $160.000, mientras que Tête d’Alcères se encuentra por encima de los $200.000, con una referencia aproximada de $220.000 durante la degustación. En el extremo superior aparecen etiquetas de colección como Salon, cuyo precio informado llegó a aproximadamente $5.500.000 la botella, unos u$s 3.570.

También se mencionaron otras alternativas, como el prosecco italiano Speroni, alrededor de $arg.80.000. La intención es que la carta permita ingresar al universo del Champagne desde diferentes niveles y, al mismo tiempo, ofrecer etiquetas para consumidores y coleccionistas.

Marcelo Rebolé destacó además una política de precios que busca diferenciarse de los márgenes habituales del mercado. Según explicó, en algunos establecimientos una botella puede llegar a multiplicar varias veces su valor, mientras que Bulles pretende trabajar con precios más razonables. La carta incluye además otros espumosos franceses, Crémants, Prosecco, vinos tranquilos y alternativas sin alcohol, aunque el eje continúa siendo Champagne.

UNA EXPERIENCIA QUE VA MÁS ALLÁ DE LA BOTELLA
La idea de Bulles no es simplemente sentarse, pedir una botella y terminar la experiencia allí. El concepto está pensado alrededor de diferentes situaciones: una pareja que quiere celebrar, una propuesta de matrimonio, un aniversario, un cumpleaños, el cierre de un negocio o simplemente una noche especial.

La propuesta contempla que el cliente pueda llegar desde las 18 para tomar una copa y algo pequeño, continuar con una botella y tapas y, después de las 19, avanzar hacia una comida más completa. El Champagne deja así de ser exclusivamente el cierre de una celebración para convertirse en el punto de partida.

Ese recorrido también explica la importancia del consumo por copa. Permite probar diferentes etiquetas y acceder a una botella sin que la visita tenga necesariamente que comenzar con una celebración o una cena completa. El servicio, la música, la iluminación, la cristalería, la vista y la arquitectura forman parte de esa experiencia.



COCTELERÍA CON BURBUJAS
Recién después de recorrer el universo de las burbujas aparece la coctelería. La propuesta desarrollada por Diego Velasco, Head Bartender de Bulles, busca utilizar el Champagne sin que pierda su identidad. La carta trabaja sobre dos universos: clásicos vinculados históricamente con Champagne, como el French 75, Mimosa y Kir Royal, y una serie de cócteles contemporáneos que lo utilizan.


Existe incluso un servicio especial en el que una botella se acompaña con 3 preparaciones clásicas —French 75, Mimosa y Kir Royal—, permitiendo beber parte de la botella directamente y utilizar otra parte para los cócteles. La carta incorpora también clásicos como Negroni, Boulevardier, Aperol Spritz y Tom Collins, junto con creaciones de autor.

Entre los cócteles experimentales aparecen Le Petit, L’Élixir d’amour y La Comédie à l’Été, además de una propuesta sin alcohol como L’Orange Spritz, elaborada con aperitivo de naranja y espumante sin alcohol.
La idea no es transformar Bulles en un cocktail bar con Champagne, sino exactamente al revés: llevar a los consumidores de coctelería hacia las burbujas y permitir que quienes llegan por Champagne descubran también el mundo de los cócteles.
BULLES – Carta de Bebidas completa, ver aquí

UNA COCINA PENSADA DESDE EL CHAMPAGNE
La propuesta está a cargo del talentoso chef Nicolás Díaz Martini y fue concebida desde el comienzo para acompañar las diferentes expresiones del Champagne. La carta combina una mirada gastronómica contemporánea con el formato de tapas, de manera que pueda funcionar tanto para acompañar una copa como para una comida completa.





Entre los productos y preparaciones aparecen ostras, caviar, foie gras, quesos curados, pizzas gourmet individuales y diferentes platos contemporáneos. La pizza con Champagne, que ya había funcionado en la experiencia anterior de Recoleta, vuelve como una de las propuestas particulares del proyecto.
La apertura del jueves trasladó esa cocina al formato de cóctel y bandejeo, acompañando el Champagne y la coctelería durante la noche. La propuesta gastronómica, sin embargo, está pensada para extenderse más allá del evento: una visita puede comenzar con una copa y un pequeño plato, continuar con tapas y una botella y terminar en una cena.
Carta de comidas de BULLES ver aquí

Y quizás allí esté la verdadera apuesta de este nuevo espacio. No se trata solamente de abrir un Champagne Bar en Buenos Aires, sino de construir alrededor de las burbujas un universo propio: arquitectura, gastronomía, coctelería, música, servicio, cultura y una de las vistas más reconocibles de la ciudad.
Bulles ya abrió oficialmente sus puertas. Con reservas ocupadas hasta mediados de octubre, no hay que demorarse en ir a conocer este reducto del lujo.
+ Info: Bulles Champagne Bar (@bulles_champagne_bar)

