ES LA PICCOLA, LA PROPUESTA ITALIANA DEL GRUPO GASTRONÓMICO QUE OPERA LA FAMOSA CADENA DE LA PAROLACCIA Y LA BISTECCA

Ubicada en una de las esquinas más buscadas de Palermo Hollywood, La Piccola sorprende desde el primer momento por una combinación que no pasa inadvertida: una ambientación moderna, cálida y muy bien resuelta, un restaurante grande y, sobre todo, lleno de gente y buena vibra.

Llegamos y el lugar estaba prácticamente explotado, con mesas ocupadas y un movimiento que rápidamente nos llamó la atención. Nos sentamos incluso al lado de una mesa donde estaba comiendo, junto a su familia, una conocida periodista de Crónica y Canal 9. Pero lo más interesante vino después: al preguntar por ese movimiento, la respuesta del personal fue contundente. No era una noche excepcional. Según nos explicaron, ese nivel de ocupación es algo que se repite habitualmente, especialmente durante las noches de mayor movimiento.

La escena sirve como primera aproximación a un restaurante que, desde que abrió, logró instalarse rápidamente en el circuito gastronómico de Palermo Hollywood. La Piccola abrió en marzo de 2025, en el local donde anteriormente funcionaba Gran Caruso. Para llegar al restaurante actual hubo una obra de entre diez meses y un año: según explica el histórico Gerente operativo de la cadena, MARIANO DURÁN (ganador del premio a Mejor Gerente de Bar/Restaurant de Argentina 2014 por los Bar and Drinks Awards), prácticamente quedaron las paredes y todo lo demás fue modificado.






EL ÚLTIMO ESLABÓN DESPUÉS DE LA PAROLACCIA
La historia del proyecto también tiene un dato interesante. Cuando el grupo tomó la ubicación, la primera idea había sido instalar una nueva La Parolaccia. Pero el proyecto cambió y volvió a aparecer sobre la mesa una idea que llevaba más de diez años dando vueltas: desarrollar una propuesta de cocina italiana vinculada conceptualmente con La Parolaccia, pero más joven, más relajada, con porciones más pequeñas, platos más actuales y una inspiración particular en los restaurantes italianos de Nueva York. La intención era crear un lugar donde se pudiera comer una pasta, tomar una copa de vino y seguir el día, con un servicio más ágil y menos protocolar.

La Piccola forma parte del mismo grupo empresario detrás de La Parolaccia y La Bistecca, pero busca tener una identidad propia. No se trata de replicar exactamente el modelo anterior, sino de llevar una parte de esa experiencia a un formato más contemporáneo, con una propuesta pensada para un público que puede llegar a comer, tomar algo, compartir una mesa y continuar con su día sin que la experiencia pierda calidad.




LLENO DE GENTE Y BUENA VIBRA
La dimensión del restaurante ayuda a entender el impacto que genera cuando está funcionando a pleno. La capacidad ronda los 120 cubiertos interiores, a los que se suma un sector VIP para 25 personas y unos 46 lugares en el exterior. El movimiento, según cuentan desde el propio restaurante, es sostenido: el domingo por la noche suele bajar un poco y durante los meses fríos el espacio exterior pierde ocupación, aunque cuenta con estufas.

El resto de la semana mantiene un movimiento importante, con especial intensidad durante las noches de viernes y sábado y el domingo al mediodía. Las tardes también tienen su propio movimiento alrededor del aperitivo. La Piccola funciona con horario corrido de 12 a 24hs, mientras que viernes y sábados extiende el cierre hasta la 01am.









UNA COCINA ITALIANA CON UNA MIRADA PARTICULAR
La carta parte de la cocina italiana, pero hay una zona sobre la que el grupo decidió trabajar con especial atención: la tradición romana. Mariano Durán lo explica así: “Siempre con inspiración de la comida, de la cocina italiana, quisimos ser un poquito más ortodoxos todavía de los platos como vienen de origen, y particularmente con todo lo que es romano, más que nada toda la pasta romana”.
La carta incorpora, entre otros, TONNARELLI, CACIO E PEPE, TROFIE y CARBONARA, buscando respetar las características originales de esos platos y de esa tradición regional. Al mismo tiempo, la propuesta conserva una lógica más amplia: una carta italiana reconocible, con pastas, segundos platos, antipasti y postres, pero pensada para un consumo menos solemne y con porciones individuales más pequeñas.


PRECIO Y PORCIÓN
La reducción de las porciones forma parte de la lógica comercial del restaurante. No se trata de servir menos simplemente para bajar costos, sino de buscar un determinado equilibrio entre cantidad, producto y precio. Desde el equipo explican que las porciones son algo más pequeñas que en los restaurantes tradicionales del grupo y que justamente allí aparece una de las claves de la propuesta: una relación calidad-precio que, según cuentan, es valorada por la mayoría de los clientes.


Mariano Durán pone el precio directamente en el centro de la estrategia: “La variable que termina dándole una cosa ganadora es el precio”. Y explica que la intención es que el cliente termine la experiencia con la sensación de haber pagado menos de lo que esperaba.

El concepto puede ser más joven y menos protocolar, pero eso no significa bajar la exigencia sobre el servicio. La búsqueda es que el cliente reciba las cosas a tiempo, que lleguen bien y que la atención conserve una relación cercana. En palabras del equipo, intentan recibir a la gente “como si estuviera en una casa”.

Mariano también pone el acento en la preparación del equipo: “Tratamos de no dejar que en todo eso más relajado el servicio sea relajado”. Y agrega que trabajan con colaboradores más jóvenes, pero con entrenamiento y preparación para conseguir un servicio “ameno, ágil pero ameno, no por ágil perder la calidez”. Es una diferencia importante: La Piccola busca ser más informal que La Parolaccia, pero no pretende que esa informalidad se transforme en falta de atención.



LO (RICO) QUE PROBAMOS
Empezamos con los súper famosos APEROL SPRITZ ($10.000, en 2×1 de 17:30 a 19:30) y CYNAR JULEP ($10.800), el primero trago nro.1 del mundo en tendencia, y el otro un gran clásico ya originado en Argentina. Ambos acompañaron nuestras entradas o antipasti.


La BURRATA E POMODORO ($18.000) y los BUÑUELOS DE ESPINACA ($15.000) fueron los entrantes elegidos, deliciosos, que daban ganas de explorar toda la sección.


LASAGNA ALLA BOLOGNESE ($26.500) y RAVIOLI NERI DI SALMONE ($27.500) elegimos como principales.
La LASAGNA ALLA BOLOGNESE se prepara con salsa boloñesa, láminas de pasta elaboradas con harina y huevo y mozzarella. Es uno de los platos clásicos de la carta y, junto con otras pastas, forma parte de los productos que tienen mayor salida.


Los RAVIOLI NERI DI SALMONE llevan relleno de salmón y una masa trabajada con tinta de calamar. Se sirven con una preparación alla panna gamberi, con reducción de vino blanco, crema, langostinos salteados y pimentón. Fueron, en nuestra experiencia, uno de los platos más destacados de la comida.



Con los principales tomamos SALENTEIN BRUT NATURE ($21.000). Todo estuvo muy bien resuelto, aunque hubo diferencias claras en nuestra valoración: las entradas fueron superlativas, los ravioles de salmón resultaron increíbles y la lasagna estuvo bien.

MERINGATA y TIRAMISÚ ($10.600 ambos) fueron nuestros elegidos como postre.
La MERINGATA combina una base de frutillas con merengues parcialmente quebrados, una bocha de helado de crema, merengue italiano alrededor, almendras caramelizadas por encima y una terminación flameada. Fue, directamente, impresionante, impresionante.



El TIRAMISÚ, más clásico, también estuvo muy bien.
El equipo señala además al FLAN DE CLARAS como otro de los postres más emblemáticos y vendidos de la carta, junto con la Meringata.




Y para terminar, en medio de la Negroni Week como semana coctelera claramente más importante del calendario anual, pedimos el NEGRONI ($10.500). Preparado por el bartender dominicano Tomás Martínez, con CAMPARI, gin Heráclito y vermut rojo.



UNA MARCA QUE BUSCA REPETIR EL MODELO DE ÉXITO DE LA CADENA
La respuesta del público es uno de los datos que explican por qué el grupo mira a La Piccola como algo más que una experiencia aislada. Mariano Durán cuenta que la aceptación fue rápida desde la apertura, que el movimiento se consolidó en poco tiempo y que el proyecto tiene potencial para replicarse. La combinación que define la propuesta está dada por el espacio, la decoración, el producto, el servicio y, especialmente, una estructura de precios pensada para favorecer la frecuencia de consumo.

La Piccola ocupa hoy un lugar concreto dentro del mapa gastronómico de Palermo Hollywood: cocina italiana y pasta fresca, una identidad más joven, porciones más pequeñas, servicio ágil y una cuenta final pensada para que volver sea una posibilidad real.

LA PICCOLA: El Salvador 5801, Palermo Hollywood – BA.
Reservas por WhatsApp: +54 11 5829-2222
Instagram: @lapiccola.ba
