BOCA DE TORO CLUB COMBINA UN ESPÍRITU TEATRAL QUE TE TRANSPORTA A LA FRANCIA DE LOS AÑOS 20, EN UNA AMBIENTACIÓN QUE ESTÁ ENTRE LAS MEJORES DE ARGENTINA, PERO ALTERNANDO SU APERTURA CON EL SKY BAR CADA TEMPORADA

Hay que bajar para encontrarlo. Y eso ya genera una primera diferencia. En pleno centro porteño, dentro del Hotel Pulitzer Buenos Aires, Boca de Toro Club ocupa el subsuelo y propone una experiencia distinta de la que uno podría imaginar al ingresar a un hotel.

Luz tenue, colores, texturas, terciopelos, madera, cortinas, lámparas y una barra que domina el espacio construyen una atmósfera cálida y envolvente, de esas que consiguen que el visitante sienta que dejó atrás la calle apenas unos metros después de entrar. El propio hotel lo define como un lugar de “noches de fiesta confidenciales” y encuentros fortuitos, cuando todo duerme a su alrededor.

La ambientación es, sin dudas, uno de los grandes argumentos del lugar. Hay una estética teatral y deliberadamente cargada, con elementos que remiten a otra época y que encuentran un punto especialmente interesante en el escenario que aparece dentro del salón.

Y ahí surge una comparación que nos resultó inevitable durante la visita: Sastrería Martínez, el reconocido bar de Lima que también trabaja con una atmósfera de época, un escenario y una concepción donde el diseño forma parte esencial de la experiencia. El bar peruano fue uno de los tres finalistas del Bareksten Best Bar Design Award de The World’s 50 Best Bars en 2023, premio que finalmente ganó Night Hawk, de Singapur.

No se trata de decir que ambos lugares sean iguales, porque no lo son. Pero sí existe una similitud conceptual muy interesante: en los dos casos, la ambientación no funciona como un decorado agregado a posteriori, sino como parte de la identidad del bar. En Boca de Toro Club, las telas, las cortinas, las lámparas y el mobiliario fueron elegidos para transportar al visitante hacia una determinada época. Augusto Machado cuenta que la inspiración parte de los bares de hotel de la Francia de los años 20 y que el año 1929 representa justamente ese momento de transición entre décadas.

TRES ESPACIOS, TRES EXPERIENCIAS
Para entender Boca de Toro Club también hay que entender el universo gastronómico del Hotel Pulitzer.



En la planta baja, haciendo esquina en Maipú y Paraguay, funciona Boca de Toro Restaurant, un bistró de ambientación ecléctica y neobarroca, con raíces españolas en su propuesta gastronómica y la cocina de Agustín Monticelli. El hotel lo presenta como un espacio abierto tanto a porteños como a sus huéspedes.








En el piso 13 está Visit Sky Bar, el rooftop, con una estética completamente diferente: más abierta, mediterránea y playera, pensada para disfrutar Buenos Aires desde las alturas durante la temporada cálida. Es un espacio de música, cócteles y gastronomía que funciona bajo una lógica muy diferente de la del Club.

Y abajo está Boca de Toro Club. No es el restaurante, no es el rooftop y tampoco pretende ser una extensión del lobby: es el cocktail bar del hotel, con su propia identidad, su propia carta y una propuesta de tapas diseñada para acompañar la barra. El propio Pulitzer establece esa diferenciación al plantear que sus cócteles y tapas funcionan en Visit Sky Bar durante primavera y verano y en Boca de Toro Club cuando el resto de la ciudad duerme.

Ese es, precisamente, uno de los puntos que más nos interesan de la propuesta. Es un bar dentro de un hotel, pero no un bar de hotel. La diferencia parece semántica, pero no lo es. Un bar de hotel puede existir para atender principalmente a los huéspedes. Un bar dentro de un hotel, en cambio, tiene que ser capaz de competir por el público de la ciudad, y Boca de Toro Club tiene las condiciones para hacerlo.

PROFESIONAL HOTELERO DE MISIONES
AUGUSTO MACHADO (32) llegó a la coctelería desde un camino que, en principio, no parecía llevar necesariamente hacia una barra porteña. Nacido en Misiones, comenzó a acercarse al mundo gastronómico a través de su padre, chef, que después de trabajar en distintos destinos regresó a la provincia y terminó a cargo del Hotel del Automóvil Club en El Dorado. Augusto se mudó con él a los 23 años y permaneció allí hasta los 26, trabajando en distintas áreas de la operación, entre administración y recepción.

A los 25 años decidió estudiar bartender en el IGI de Iguazú. La formación fue corta, pero suficiente para despertar una curiosidad que después se transformaría en profesión. Regresó a Eldorado, armó una pequeña barra para eventos y empezó a experimentar por su cuenta. Pero rápidamente entendió que necesitaba más formación. Llegó entonces la escuela CIC, donde estudió Barmanager y, durante la pandemia, aprovechó la modalidad virtual para cursar de manera intensiva 8 meses, completando posteriormente las prácticas. Después entró al restaurante Sucre y posteriormente Grupo Bla, donde incorporó experiencia de operación y manejo de equipos. Todo ese recorrido aparece hoy en su manera de pensar la barra: técnica, sí, pero siempre subordinada a una pregunta bastante más sencilla: ¿el cliente quiere tomarlo otra vez?

LA CARTA DE AUGUSTO
Una de las decisiones que más nos gusta de Boca de Toro Club es que la carta no intenta demostrarlo todo. Son cinco cócteles de autor, con referencias diferentes y perfiles que buscan abarcar distintos tipos de consumidor. Y el ranking de ventas que nos dio Machado resulta bastante revelador: KIT KAT KLUB, 1929, SALLY, ROUGE y CARIBBEAN CLUB.

KIT KAT KLUB ($14.000)
Jack Daniel’s, ciruela, canela y tónica
Fue el que más nos gustó de los autores que probamos, y también es el primero en el ranking de ventas. La preparación parte de ciruelas maceradas en Jack Daniel’s que luego pasan por fuego para desarrollar notas asadas y reforzar la madera del whiskey. La canela acompaña ese proceso y después se incorpora un almíbar elaborado con la propia fruta. Finalmente, la tónica completa la bebida.

Hay además una decisión que habla bastante de la filosofía de Machado: la ciruela que queda después de la elaboración no se descarta. Se procesa y deshidrata para convertirse en un papel de fruta que vuelve a aparecer en el servicio y conserva incluso algunas notas del Jack Daniel’s. Es técnica, aprovechamiento y presentación en una misma operación.
El nombre tampoco tiene relación con la golosina. Está inspirado en el Kit Kat Club del cabaret berlinés asociado al musical Cabaret, estrenado en 1972. Machado explica que tomó el nombre de aquel club y que la coincidencia con la marca de chocolates es simplemente eso: una coincidencia.

1929 ($13.000)
Skyy Vodka, frutos rojos, naranja y burbujas
Es el cóctel que más directamente traduce la ambientación del Club a la copa. El nombre refiere al año elegido para representar ese cambio de década dentro del imaginario de los bares de hotel de la Francia de los años 20.
La preparación parte de un chow de frutos rojos, elaborado con capas de fruta y azúcar que fermentan durante aproximadamente una semana antes de cortar el proceso en frío. Ese componente se combina con Skyy Vodka y jugo de naranja. La misma fruta utilizada para el chow se congela y se utiliza luego en la decoración, privilegiando especialmente las frutillas por su textura y concentración de sabor.
Augusto trabaja además sobre una idea que atraviesa su concepción de la carta: que un cóctel pueda sentirse ligero y fácil de beber sin que eso signifique que carezca de alcohol. En su visión, el objetivo es que la bebida tenga suficiente estructura para acompañar una noche completa y que el consumidor pueda quedarse en el bar y seguir tomando.

SALLY ($15.000)
José Cuervo plata, mandarina, licor casero de mandarina y sal de pimienta rosa
Es una reversión de Margarita y vuelve a tomar elementos de la historia del cabaret que atraviesa la carta. El nombre hace referencia a Sally, el personaje femenino asociado al Kit Kat Club en Cabaret.
Lo interesante está en el tratamiento de la mandarina. Machado utiliza las cáscaras para elaborar un licor propio a partir de un alcohol tridestilado de cereales, almíbar y agua.

El tequila utilizado es José Cuervo, sin intervenirlo con las cáscaras. Pero el trabajo no termina ahí: las mismas pieles de mandarina que se utilizaron para el licor vuelven a entrar en escena después de ser secadas, trituradas y combinadas con pimienta rosa, sal gruesa y jugo de mandarina para formar la sal que corona el vaso.
Es una buena muestra de cómo la barra intenta trabajar un mismo producto desde distintos ángulos, sin convertir la técnica en un espectáculo innecesario.

ROUGE ($13.000)
Campari, Gin Heredero, vermut rosso, manteca y hierba.
Es el cuarto en el ranking de ventas y probablemente el más difícil para un consumidor que no tenga afinidad con los perfiles herbales y amargos. Machado explica que muchas personas llegan con cierta resistencia a la “hierba”, especialmente por asociación con el Negroni.

Paradójicamente, el Negroni es uno de los cócteles que más vende en el bar. Machado incluso trabaja una versión propia con un blend de vermuts para hacerlo más amable, combinando Punt e Mes y Martini Rosso con Gin Heredero. El problema, según su lectura, no está tanto en el amargor como en la categoría mental que el consumidor construye alrededor de estos sabores.

CARIBBEAN CLUB ($14.500)
Ron de Rones, café y coco
Con el nombre de un histórico bar de rones y espíritu cubano en Barcelona, este coctel completa el quinteto desde un registro más tropical, con el ron como base y café y coco construyendo el perfil aromático.

COCTEL ADELANTO 1
Jack Daniel’s, Averna, Aperol, limón y completado con espumante Salentein Extra Brut
Una reversión que parte de la estructura del Paper Plane (bourbon, Aperol, Amaro y jugo de limón) y que también toma elementos del French 75. Machado trabaja sobre una proporción 1:1:1, reemplazando parte de la estructura original por Jack Daniel’s, Averna y Aperol, con limón y un toque final de Salentein Extra Brut. El resultado busca mantener el equilibrio entre el destilado, el amargo, el cítrico y las burbujas, con una lectura más fresca y fácil de beber.

COCTEL ADELANTO 2|
Vodka, pomelo, Angostura y almíbar
Una reversión del Fitzgerald, cambiando el gin por vodka y el limón por pomelo. A partir de ahí aparecen Angostura y almíbar, en una combinación que Machado lleva hacia una suerte de Paloma más suave, donde el pomelo adquiere el protagonismo y el resultado se vuelve más amable y directo.
Ambos son dos de los nuevos cócteles que forman parte de la carta del Sky Bar, que renueva su propuesta para la próxima temporada.

TAMBIÉN LOS CLÁSICOS
La carta no queda encerrada en la coctelería de autor. Boca de Toro Club conserva una selección de clásicos —entre ellos Dry Martini, Negroni, Basil Smash, Aperol Spritz, New York Sour, Gold Rush, Penicillin y Old Fashioned— y esa convivencia nos parece particularmente saludable.
Elegimos probar un OLD FASHIONED, gran súper clásico preparado con Jack Daniel’s Old Nro.7, whisky importado nro.2 en ventas en Argentina.

TAPAS GOURMET PARA BEBER
Recién después de recorrer la coctelería aparece la gastronomía. Boca de Toro Club propone tapas de estilo gourmet, inspiradas en la cocina española y pensadas específicamente para acompañar los cócteles. La propia propuesta oficial habla de clásicos como croquetas y salmón curado, junto con elaboraciones más audaces.




Probamos prácticamente toda la carta, con excepción del plato de quesos y fiambres y del carpaccio de roast beef. Y hubo un claro protagonista: la MINI BURGER BDT CLUB. Fue, sin dudas, lo que más nos gustó. La combinación de roast beef y cerdo, los aros de cebolla y el dressing de demi-glace y alioli construyen una hamburguesa pequeña solamente en tamaño. Tiene intensidad, buen equilibrio y, fundamentalmente, funciona como tiene que funcionar una tapa de bar: se puede compartir, comer sin demasiada ceremonia y seguir tomando.

La TINGA DE HONGOS Y CACIOCAVALLO también nos pareció muy buena. Las PAPAS BRAVAS, las CROQUETAS DE ESPINACA, los BUNS DE LANGOSTINOS EN TEMPURA, la EMPANADA SALTEÑA y el HOT DOG CLUB completan una oferta que no pretende competir con la coctelería sino acompañarla. Puntos más altos: el Hot Dog y los Buns de Langostinos.






También probamos los dos postres de la carta: RICOTA Y PERA, una preparación cremosa con pera y crocante de frutos secos, y CHOCOLATE Y OLIVA ($12.000 c/u), con una esfera de chocolate, piezas crocantes y un delicado aporte de aceite de oliva; dos propuestas pequeñas, delicadas y muy bien presentadas.


EL AÑO SE DIVIDE ENTRE EL CLUB Y EL ROOFTOP
La carta que probamos tiene fecha de vencimiento: estará disponible hasta el 10 de octubre. Después llegará el cambio de temporada y el protagonismo volverá a dividirse con Visit Sky Bar, siguiendo la particular lógica del Hotel Pulitzer: el rooftop toma fuerza durante primavera y verano y Boca de Toro Club vuelve a ocupar el centro de la escena cuando arriba cambia la temporada. El propio hotel describe esa alternancia entre ambos espacios.
La lógica funciona perfectamente para el rooftop. Una terraza depende del clima, de la temperatura y de la posibilidad de estar al aire libre. Pero Boca de Toro Club juega otro partido. Está abajo. Tiene una ambientación propia, una barra con identidad, una carta de autor, clásicos, tapeo y público potencial más allá de los huéspedes del hotel.

Por eso creemos que Boca de Toro Club debería funcionar todo el año. No necesariamente en competencia con Visit Sky Bar, sino como complemento. Arriba puede estar la terraza durante los meses cálidos y abajo puede existir un verdadero cocktail bar durante los doce meses. Dos experiencias distintas, dos momentos diferentes y dos razones para volver al mismo hotel.
Porque después de recorrerlo queda una conclusión bastante clara: Boca de Toro Club no necesita ser solamente “el bar del invierno” del Pulitzer. Tiene condiciones para ser un bar de Buenos Aires. Y quizá esa sea la diferencia más importante: no alcanza con tener una buena barra dentro de un hotel 5*. Hay que conseguir que alguien que no está hospedado allí tenga ganas de bajar las escaleras, sentarse, pedir un cóctel y quedarse. Boca de Toro Club ya consiguió que valga la pena bajar. Ahora debería tener la posibilidad de hacerlo durante todo el año.
IG: Augusto Machado – click para seguir
