LA DESTILERÍA DON MICHAEL, HOGAR DE BLACK WHISKEY Y AMAZONIAN GIN, ENTRE OTRAS MARCAS, QUEDÓ 100% DESTRUIDA, AL SUR DE LIMA-PERÚ.

“Hoy tenemos el corazón en un puño”.
El mensaje llegó por whatsApp durante la mañana del jueves último. Del otro lado estaba ERIC RÖTHIG, español fundador de Amazonian Gin Company y creador de Gin’ca, dos de las marcas elaboradas en la destilería Don Michael, en Lurín, Perú. Minutos después comenzaron a aparecer las imágenes que sacudirían a toda la industria de los destilados: una enorme columna de humo negro elevándose sobre el complejo industrial Ferrosalt, a unos 40 kms al sur de Lima, mientras decenas de bomberos intentaban controlar un incendio que terminaría destruyendo una de las destilerías más innovadoras de América Latina.

Para Bar and Drinks la noticia tuvo además un impacto especial. En 2020 visitamos aquella planta inaugurada en 2017, luego de que el propio Röthig nos pusiera en contacto con MICHAEL KURYLA, fundador de Black Whiskey y responsable de un proyecto inédito: crear un whiskey peruano a partir de maíz negro andino. Aquella visita, publicada en la edición 65 de la revista, nos permitió en 2020 recorrer una destilería única, dentro de un pequeño parque industrial en medio de un paisaje árido y desértico junto a la Autopista Panamericana Sur. Detrás de uno de los galpones, funcionaba una instalación nueva donde elaboraban además de whiskey, gin, vodka, licores crema, etc. de lo más destacado que surgió en Perú durante la última década. Cinco años y medio después, todo aquello que vimos y mostramos en esta nota, quedó literalmente reducido a cenizas.
Cabe señalar que siniestros de semejante magnitud no son habituales en la industria mundial de los destilados. Existen antecedentes célebres, como la destrucción de la histórica destilería Luxardo durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial en la entonces ciudad italiana de Zara; el gigantesco incendio que en 1996 arrasó varios warehouses de la destilería Heaven Hill, en Kentucky, destruyendo decenas de miles de barricas de bourbon; el colapso de depósitos de añejamiento de Jim Beam ocurrido en años recientes en Kentucky también; o la explosión registrada en 2024 en la planta central de José Cuervo, en Tequila, Jalisco, que provocó varias víctimas fatales.



Sin embargo, son muy pocos los casos en los que una destilería moderna desaparece prácticamente por completo en cuestión de horas y menos aún aquellos en los que el fuego se expande a múltiples pabellones industriales vecinos, como ocurrió en Lurín. Por esa razón, el incendio de Don Michael ya puede considerarse uno de los mayores desastres registrados en la historia de la destilación mundial, aunque afortunadamente sin víctimas en este caso.

UN AMANECER QUE QUEMÓ TODO
De acuerdo con la información publicada por Trome, RPP, ATV y otros medios peruanos, el incendio comenzó en la misma destilería y luego se expandió rápidamente al resto de galpones, cuando aparecían los primeros resplandores del jueves pasado 4/junio, a las 6:30AM con precisión, dentro del complejo industrial Ferrosalt y rápidamente adquirió dimensiones extraordinarias. La emergencia obligó al despliegue de más de 20 unidades de bomberos voluntarios y terminó afectando al menos 9 pabellones o instalaciones industriales del complejo.
Las primeras imágenes mostraban una gigantesca columna de humo visible desde lejos. A medida que avanzaban las horas, los reportes comenzaron a revelar la magnitud del desastre. Dentro de los galpones funcionaban empresas vinculadas a químicos, almacenamiento industrial y producción de bebidas alcohólicas, una combinación que convirtió el siniestro en una pesadilla para los equipos de emergencia.
Uno de los aspectos más llamativos surgió de los testimonios recogidos por ATV entre trabajadores del complejo. El Portal Trome.com publicó: “SEÑALES QUE NO FUERON ATENDIDAS. El trabajador también aseguró que antes de que las llamas se descontrolaran ya existían indicios de que algo ocurría. Según contó, durante varios minutos se observó una pequeña emisión de humo en uno de los sectores del complejo, pero nadie habría adoptado medidas preventivas ni considerado que pudiera tratarse del inicio de una emergencia. Esa situación, afirmó, se habría prolongado por cerca de media hora. Cuando finalmente el fuego tomó fuerza, la emergencia ya era de gran magnitud y obligó a movilizar a decenas de unidades del Cuerpo General de Bomberos Voluntarios del Perú.
Algunos afirmaron haber observado humo saliendo desde el sector donde funcionaba la destilería, antes de que las llamas se propagaran. Las pericias determinarán el origen exacto del siniestro, pero esos testimonios instalaron interrogantes sobre la secuencia previa al incendio y sobre los mecanismos de detección y respuesta existentes en el predio”.
Cuesta mucho entender la falta de protocolos de seguridad. Ni hablar luego de las declaraciones del jefe de bomberos, diciendo que las normas industriales tenían su edad -62 años- y que permitían galpones revestidos de productos inflamables. Asimismo, nos consta que cada galpón estaba casi pegado al siguiente, al contrario de por ej. el predio de la destilería de Gin Aconcagua en Pilar, Prov. de Bs.As., mucho más amplio, donde cada instalación ocupa una manzana.
Aquí, tal vez se determine alguna falla eléctrica, sistema anti-incendios débiles, Estado ausente (en el día que se dirime en ballotage el modelo de Estado que pretenden los peruanos), controles inexistentes, y alcoholes puros, para configurar un coctel explosivo, literalmente.
A ello se sumaron las dificultades para el abastecimiento de agua, una problemática mencionada durante la cobertura de la emergencia y que volvió complicado el trabajo de los bomberos. Se trata de una zona costera de clima extremadamente seco, donde predominan los terrenos arenosos y la vegetación es inexistente. Cuando finalmente las llamas fueron controladas, el saldo era devastador. Unos 9 pabellones afectados, pérdidas millonarias y la desaparición de una destilería que se había convertido en referencia para la nueva generación de destilados peruanos.
Aunque todavía es prematuro estimar el impacto económico total, una de las pérdidas más importantes probablemente corresponda al stock de whiskey en maduración. A diferencia de otros productos que pueden volver a elaborarse relativamente rápido, los destilados añejados en barrica representan años completos de trabajo. Amén de esto, lo emocional porque el dueño tenía hasta un gimnasio instalado, sin mencionar maquinaria hecha a medida de sus necesidades.

CÓMO ERA LA DESTILERÍA POR DENTRO
Llegar a Don Michael implicaba 1 hora por autopista desde Lima, atravesando un paisaje desértico, aparecía un pequeño parque industrial cerrado. Durante nuestra visita recorrimos áreas de fermentación, destilación, depósitos y añejamiento, siendo que estaba separados los alambiques para whiskey –mucho más grande- y los de Gin –más pequeños y distintos formatos-.

“Nuestra destilería tiene 3 líneas de producción diferentes y 4 alambiques diferentes. Nuestra primera línea de producción se utiliza principalmente para pruebas y desarrollo de nuevos productos. Nuestra línea de 1000 litros se usa principalmente para hacer gin, mientras que nuestra línea de 10,000 litros es el caballo de batalla de la destilería”, aun dice su website.


El carismático y musculoso estadounidense MICHAEL KURYLA nos recibió amablemente nos mostró un mash tun de 10.000 litros donde se cocinaban los mostos, fermentadores de 5.000 litros, sistemas de enfriamiento, alambiques de cobre importados y equipos diseñados específicamente para escalar la producción.



La planta era el resultado de años de investigación y de una inversión cercana a los 3 millones USD, por lo cual se podría estimar en unos 5 millones USD lo perdido. Y que habrá que ver si los seguros terminan cubriendo, al menos una parte.

Kuryla había viajado a Kentucky para estudiar destilerías de bourbon, visitado ferias industriales en Alemania e importado tecnología especializada para construir un proyecto capaz de competir internacionalmente. En medio, conoció a su esposa Daiana Milon Mayer en el interior de Perú, quien lo viene acompañando en la destilería, a cargo de la parte técnica.




Según los datos compartidos durante nuestra visita, en 2019 la destilería había producido alrededor de 1 millón de litros entre whiskey, gin, vodka, ron, brandy y elaboraciones para terceros. También contaba con aproximadamente 900 barricas de roble americano y unos 10.000 litros de whiskey en proceso de maduración.






Hoy ese dato adquiere una dimensión dramática. Porque mientras las máquinas pueden reemplazarse, los años de maduración almacenados dentro de esas barricas representan tiempo perdido que no puede recuperarse de inmediato.




Aparte lo personal, su despacho en un entrepiso, con detalles propios, un gimnasio, una barra y un potente equipo de sonido.

BLACK WHISKEY, EL “BOURBON” PERUANO
El corazón del proyecto era Black Whiskey, presentado como “The First Andean Whiskey” y considerado por muchos el primer whiskey peruano con verdadera proyección internacional.
La historia comenzó cuando Michael Kuryla decidió investigar distintas variedades de maíz hasta encontrar una que aportara identidad propia al producto. Finalmente eligió el maíz negro andino INIA 601, cultivado en los valles de Junín y Cajamarca. A esa base sumó cebada y trigo malteados, desarrollando una receta patentada inspirada en el bourbon estadounidense pero profundamente vinculada al terroir peruano.



El destilado era añejado en barricas nuevas de roble blanco americano construidas artesanalmente en Estados Unidos y embotellado a 45% de alcohol. Sus notas de cata describían aromas de vainilla, caramelo, maíz tostado, frutos secos, café, chocolate y especias, con una personalidad muy distinta a la de los whiskies tradicionales.

La ambición de Kuryla iba incluso más allá. Su objetivo era impulsar el concepto de “Whiskey Andino”, una categoría propia basada en granos cultivados en la región andina, del mismo modo que el bourbon se identifica con Estados Unidos o el Scotch con Escocia.

A diferencia de otras marcas producidas en la planta, Black Whiskey nunca llegó a comercializarse en Argentina. La estrategia de Michael Kuryla estuvo orientada principalmente al mercado estadounidense, donde es el origen del fundador, donde tienen una oficina en Miami, y el diferencial de un whiskey elaborado a partir de maíz negro andino, ofrecían una propuesta singular dentro de una categoría dominada por bourbons tradicionales. El posicionamiento de la marca siempre apuntó al segmento premium, con precios internacionales que partían de los 50 USD por botella.


Alrededor de Black Whiskey nacieron también Andean Cream, un licor crema elaborado a partir del whiskey de la casa, chocolate y avellanas, símil Baileys incaico, y Andean Vodka, desarrollado a partir de granos andinos seleccionados. Luego otros nuevos lanzamientos, y elaboración para terceros.

Si existe una marca especialmente golpeada por este incendio es precisamente Black Whiskey. Porque más allá de la infraestructura destruida, las barricas almacenaban años completos de trabajo, inversión y paciencia.



AMAZONIAN GIN, EL MEJOR DE PERÚ
Si Black Whiskey representaba la innovación dentro del mundo del whiskey, Amazonian Gin Company hizo algo similar en la categoría gin. Fundada por Eric Röthig, la marca nació con la idea de mostrar al mundo los sabores de la Amazonía peruana a través de un gin elaborado con frutas y botánicos frescos seleccionados a mano. Camu camu, limón amazónico, castaña amazónica, sacha inchi y otros ingredientes provenientes de la selva formaban parte de una receta que con el tiempo logró presencia internacional y posicionó a Amazonian como una de las propuestas más originales surgidas en América Latina.

La empresa destacaba además que utilizaba alcohol neutro de caña de azúcar y pequeños lotes de producción, apostando por una elaboración artesanal de alta calidad. Para 2024 proyectaba capacidades cercanas a las 350.000 botellas anuales.

A diferencia de Black Whiskey, Amazonian Gin sí tuvo presencia comercial en Argentina. Entre aproximadamente 2022 y 2024 fue importado por Pura Caña (actual Imdeba) y distribuido en forma exclusiva por DBA, llegando al mercado local con un posicionamiento claramente orientado al segmento super premium. Su perfil basado en botánicos amazónicos, su presentación y su propuesta diferenciada le permitieron ganar notoriedad entre bartenders y consumidores especializados. Sin embargo, las importaciones se discontinuaron posteriormente y la marca se encontraba evaluando nuevas alternativas para retomar su presencia en el país.

En las mismas instalaciones también se producía GIN’CA, otra de las etiquetas impulsadas por Röthig. Presentada como la unión conceptual entre “Gin” e “Inca”, la marca apostaba por ingredientes provenientes de la costa, la sierra y la selva peruana, reforzando la identidad local que caracterizaba a gran parte de los destilados desarrollados en la destilería Don Michael.


Horas después del incendio, Röthig envió por whatsapp un comunicado donde confirmó la destrucción total de las instalaciones: “En una sola madrugada perdimos todo lo que construimos: la maquinaria, las botellas, los insumos, cada botánico amazónico que elegíamos a mano. Lo hemos perdido todo y estamos profundamente tristes.”


Sin embargo, durante una conversación posterior con Bar & Drinks dejó una reflexión todavía más conmovedora: “Intentaremos de alguna manera seguir. Será casi imposible volver. Pero lo intentaré. No es algo financiero, es algo que comencé de joven con 28 años y sin un sol y quiero que siga hasta mis hijos. Nada más. Algo personal.”

LO QUE EL FUEGO NO PUDO DESTRUIR
La destrucción de Don Michael representa mucho más que la pérdida de toda una fábrica, en segundos. Desapareció uno de los proyectos más originales de la nueva destilación latinoamericana, una planta donde convivían el primer whiskey andino del mundo, uno de los gins más reconocidos del Perú y una generación de emprendedores extranjeros, convencida de que el país podía construir categorías nuevas más allá del pisco.

Para quienes recorrimos aquellas instalaciones en 2020, es imposible no recordar las filas de barricas, el aroma de los fermentadores, los alambiques de cobre y el entusiasmo con el que Michael Kuryla explicaba cada detalle de un proyecto que todavía estaba creciendo. Hoy nada de esa infraestructura existe. Lo que permanece son las marcas, el conocimiento acumulado y la voluntad de reconstruir.
Como escribió Röthig en su mensaje a clientes y amigos de la industria: “La selva, después del fuego, siempre vuelve a crecer. Y nosotros también”.

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Black Whiskey: @blackwhiskeyperu @andeanspirits.pe
Amazonian Gin Company: @amazoniangincompany
