En el corazón del Four Seasons Hotel Buenos Aires, PONY LINE logró algo que pocos bares de hotel en el mundo pueden sostener en el tiempo: convertirse en destino por sí mismo. Pero para entender realmente su valor, hay que ir un paso más atrás. Durante décadas —no solo en Argentina sino a nivel global— los bares de hotel arrastraron un problema estructural: una desconexión casi total con la lógica del entorno. Espacios rígidos, pensados más como extensión del lobby que como bares en sí mismos, con propuestas previsibles, sin identidad y, muchas veces, completamente ajenos a la dinámica de consumo contemporánea. Pensados como espacios de transición, sin identidad, diseñados más para cumplir que para atraer. Lugares donde la coctelería era correcta pero irrelevante, donde el ambiente era prolijo pero olvidable, y donde la experiencia brillaba por su ausencia. Solo servicio a huéspedes.

En ese contexto, Pony Line aparece como una anomalía —o mejor dicho, como un punto de inflexión—: uno de los primeros casos en décadas en los que un bar de hotel entiende verdaderamente qué tiene que ofrecer, cómo debe funcionar y a quién le habla.


Desde su apertura hacia 2012, en un momento donde la coctelería porteña todavía no había alcanzado el nivel actual, el bar entendió que el lujo ya no pasaba por la formalidad sino por la experiencia. Inspirado en el universo del polo —deporte icónico de la elite argentina—, la ambientación se realizó combinando cuero, madera, iluminación tenue y una estética contemporánea, que construye identidad. Esa decisión inicial fue clave: PONY LINE no se pensó como una extensión del hotel, sino como un bar con entidad propia dentro de un 5*, a la par que Elena hizo lo propio como restaurante fine dining.

Pony Line nació entendiendo que un bar de hotel no tiene que ser un apéndice del mismo, sino un actor dentro de la escena gastronómica de la ciudad. Entiende el volumen, entiende al cliente local, entiende la necesidad de rotación, de música, de identidad y de consistencia. Y sobre todo, entiende que competir no es con otros bares de hotel, sino con los mejores bares de la ciudad.

A lo largo de los años, Pony Line se consolidó como punto de encuentro entre públicos muy distintos: huéspedes internacionales, ejecutivos, turistas que llegan por la reputación global de la cadena y una base sólida de clientes locales. El mix es prácticamente 50 locales /50 foráneos, con fuerte presencia de estadounidenses, brasileños y europeos en general. Ese cruce de universos obliga a una operación precisa, versátil y consistente, donde conviven desde lo más pedidos y clásicos —Gin Tonic, Aperol Spritz, etc.— hasta una carta de autor que hoy es una de las más interesantes del circuito.

En esta nueva etapa nos recibió el barmanager MARTÍN ZAKRZEWSKI, quien tras haber formado parte de Pony Line de 2014 a 2020 como bartender, emigró a España y participó en la apertura del Four Seasons Madrid y de un Hilton, pasando por distintas posiciones dentro de barra y servicio. También hizo una apertura en Mallorca como restaurant manager un año, y rindió para recibirse en la Corte de Master Sommelier, en Viena, Austria. Hasta que en unas vacaciones en Buenos Aires, lo tentaron a volver.

Desde izq: Dorián Herrera, Iván Montiel, MARTÍN ZAKRZEWSKI y Julián Silva Taboada.

En la barra de PONY, un equipo de 6 bartenders: IVÁN MONTIEL con 2 años y medio (ex Trade Skybar y Brukbar), Dorian Herrera y Julián Silva Taboada, al frente cuando los visitamos, más Antonella Crovo, Bruno Moretti y Marcos Recaño. Todos formando parte de un bloque que trabaja bajo una lógica colaborativa y un estricto manual operativo – al que llaman Jefe de Barra-, donde la carta no responde a una única firma sino a una construcción colectiva, frente a un flujo constante de clientes todo el día todos los días, más una agenda activa de eventos, guest bartenders y activaciones de marca.

La carta actual de vigencia semestral, titulada 22/55 por los paralelos norte y sur del país, propone un recorrido conceptual por Argentina a través de sus regiones. Organizada como una rosa de los vientos, cada cóctel representa un territorio y un perfil sensorial, utilizando ingredientes locales como eje. El desafío —y uno de los grandes aciertos— es lograr complejidad sin perder accesibilidad, algo que el equipo reconoce como clave para el funcionamiento del bar .

SELVÁTICO

SELVÁTICO ($arg.20.000 = 14,3 u$)
Mezcal, guayaba, vermut rosso, licor italiano de hierbas, mango, lima
El cóctel más vendido de la carta —y también el más logrado— funciona como una síntesis perfecta del enfoque del equipo: capas técnicas complejas con una lectura inmediata en boca. La base de mezcal aporta una columna vertebral ahumada que no domina, sino que sostiene. A partir de ahí, la guayaba y el mango construyen volumen frutal, pero sin caer en dulzor evidente: no hay azúcar añadida como tal, sino que la sensación dulce del propio licor y la fruta.
Lo más interesante aparece en el equilibrio entre dos capas: el vermut con guayaba, y el mango con el licor herbal. Es un cóctel que “se mastica”, pero que al mismo tiempo se deja tomar sin esfuerzo.
Paradójicamente, aunque el nombre remite a lo salvaje, la ejecución es quirúrgica: elegante, precisa, casi estructurada, con un delicado color rosa. Que los amantes del Cosmopolitan, seguro van a encontrar algo del estilo pero mucho más complejo.

Izq. Selvático – Dcha.: Aikén

AIKEN ($17.000)
Gin Bosque Refugio, miel de pera, cereales, manzana verde
Con un nombre mapuche que significa “hogar”, este coctel es uno de los más trabajados en sabor. El gin utilizado pasa por barrica de roble francés unos 6 meses, aportando notas de vainilla, coco y una leve estructura especiada. Pero el diferencial está en el tratamiento de los cereales, que dan una representación pampeana: hidratados previamente y luego trabajados en sous vide con canela, generando una extracción controlada que aporta textura y una nota que remite al maíz, incluso con ecos de pochoclo. La miel de pera refuerza ese perfil casi de postre, mientras que la pera y manzana verde cumple un rol clave: corta, limpia y ordena.
El resultado es un cóctel complejo, fresco pero anclado en referencias reconocibles y picos de acidez (cítrica), servido en una caso tipo Cognac sin tallo.

Izq. Selvático – Dcha.: Aikén

COMARCA ($19.000)
The Glenlivet Founder’s Reserve single malt whisky, frambuesa, manzanilla, arándanos, cordial de lima
La versión low ABV de la carta (bajo en alcohol) y que representa el sur del país, es un highball con un bloque de hielo y de un rojo furioso. Con sabor predominante a frambuesa, trabajada en reducción antes de la carbonatación, lo que permite sostener intensidad.
El whisky escocés de malta —elegido porque salía 3,5 veces menos que uno nacional “artesanal”- aporta el perfil buscado: sin predominar, pero dando las notas frutales precisas. El resultado es un trago donde el alcohol está presente, pero ni se siente. Fácil de tomar, refrescante, pensado para volumen pero sin resignar construcción técnica, y con nombre que remite a la Comarca Andina.

VESPERTINO MARTINI ($17.000)
Gin artesanal nacional Piel, Lillet Rosé, óleo de pomelo, pimienta rosa
Un guiño al Vesper clásico, pero reinterpretado desde producto local. En boca explota de sabores! Bien cítrico, el óleo de pomelo aporta gran untuosidad, suaviza el ataque alcohólico y extiende el final. La pimienta rosa levanta el perfil aromático sin invadir.  Es un cóctel directo, elegante y técnico, pensado para un consumidor más clásico pero con sensibilidad contemporánea.

RUCA ($17.000)
“Pisco” mendocino, vermú de jarilla, verjus, sidra de manzana, rosa mosqueta
Probablemente el cóctel más identitario de la carta. Acá el concepto territorial aparece con mayor claridad: ingredientes, estructura y narrativa empujan hacia una referencia a Mendoza. La sidra define el formato, aporta burbujas además de sabores, y el servicio en copa larga construye la experiencia. El verjus reemplaza al cítrico tradicional, aportando acidez más sutil y vínica; mientras que la jarilla introduce un perfil herbal que refuerza la idea de paisaje. Es un cóctel menos internacional en lenguaje, más “nacional”. Y eso, dentro de una carta conceptual sobre Argentina, es un acierto.

RUCA, by Iván Montiel

YVY ($18.000)
Cognac, mandarina, chañar, pomelo
El sour de la carta, y el que más se apoya en una estructura clásica. La lógica está clara: base alcohólica, acidez, dulzor y textura. Pero lo interesante es cómo se reinterpretan esos elementos con productos locales. El chañar reemplaza azúcares más lineales, aportando una dulzura más profunda, menos evidente. La mandarina y el pomelo construyen una acidez amplia, mientras que el cognac sostiene el conjunto con elegancia. Es el cóctel más accesible en términos de estructura, pero con suficiente identidad como para no quedar en lo obvio.

Izq.: YVY – Dcha. Ruca

RAIMI ($19.000)
Ron agrícola, maíz morado, ananá, especias
Uno de los movimientos más interesantes de la carta en términos de producto: el uso de ron agrícola, poco habitual en el mercado local, amplía el espectro de sabores. El maíz morado introduce identidad cultural, mientras que la ananá y las especias terminan de construir un perfil más expansivo, más latinoamericano en sentido amplio.

NEGRONI VIGILANTE

NEGRONI VIGILANTE ($20.000)
Gin alemán (de 47 botánicos), vermú rosso español, Campari, membrillo, queso
Dentro de la sección Atemporales —los cócteles que sobreviven al recambio de carta y ya funcionan como clásicos de la casa—, este ocupa un lugar privilegiado. La base respeta la estructura clásica, pero el diferencial está en la incorporación de membrillo y queso (tradicional “postre” argentino llamado Vigilante), trabajados técnicamente unas 3 horas para integrarse al cóctel magistralmente. Aporta volumen, suaviza el amargo y construye una textura más amplia en boca, manteniendo siempre el carácter del Negroni, pero con mayor complejidad e intensidad de sabor. Tiene como una capa más, para ofrecer uno de los mejores Negronis de todo el país, sin dudas! Punto altísimo del Pony Line.

HUACATAY ($17.000)
Gin escocés premium, Cynar, manzana, Gen Mai Cha
También dentro de la sección Atemporales, este funciona como el contrapunto perfecto al anterior, más alcohólico y estructurado. Con nombre de hierba andina muy característica, originaria de Perú y del norte argentino, este Huacatay en copón de vino con gran cubo de hielo cristalino con logo grabado, se mueve en un registro más herbal y liviano, alineado con la tendencia low ABV. La combinación de gin con Cynar marca el eje amargo, pero rápido aparecen capas más sutiles: la manzana aporta frescura y el Gen Mai Cha (té verde con arroz tostado) introduce una nota tostada, casi seca, que le da caracter. El resultado es un cóctel con complejidad, solo que trabajada desde lo aromático y lo textural más que desde la intensidad alcohólica, con mucha intensidad de sabor y fácil de beber.

Izq.: Negroni Vigilante – Dcha.: HUACATAY

Por último, el único cóctel de la carta de autor que no llegamos a probar fue el “Puna Clara”, apoyado en whisky etiqueta negra, mamón, miel, jengibre y sal. Quedó para la próxima.

En gastronomía, la propuesta replica la lógica de la barra: directa, acotada y pensada para integrarse al ritmo del lugar, sin competir con la coctelería. Lo que probamos confirma esa idea: ejecución sólida, foco en producto y platos diseñados para acompañar, no para robar protagonismo.

Barra ya legendaria del PONY LINE

La hamburguesa en sus dos versiones sigue siendo uno de los íconos del lugar. A eso se suman las empanadas salteñas, el Croque Madame y opciones como el sándwich de pastrón, y algunos platillos para disfrutar de los tragos y las bebidas. Al analizar la carta completa, aparece una estructura clara —tablas, hamburguesas, sándwiches, pizzas, ensaladas y Urban Bites— con un total de una veintena de platos que no saturan.

EMPANADAS SALTEÑAS, salsa fresca de tomate ($24.000).
El inicio previsible para ir haciendo base ante los cocteles. Aquí son 3, correctas con una impronta tradicional. Lo interesante es el acompañamiento: una salsa de tomate fresca, más 3 pequeñas de alioli con ajo y huevo; de mostaza, perejil y miel; y ketchup con tomates orgánicos. A partir de ahí, la carta se mueve hacia su núcleo más fuerte, donde las hamburguesas dominan claramente la escena.

EMPANADAS SALTEÑAS

BURGER DRY ($52.000 – 37 U$)
Angus madurada 45 días, tomate, lechuga, relish, Lincoln
Uno de los pilares históricos del bar. En esta versión, la carne pasa por un proceso de maduración de mes y medio, lo que intensifica sabor, genera mayor profundidad y aporta ese perfil de nivel súper premium. Envuelta en papel brillante y con unas papas fritas, esta burguer es tan contundente como sorprendente! Aunque su formato es clásico, su sabor es descomunal! El precio tan caro lo explica también, incluso para extranjeros.

CROQUE MADAME ($31.000 – 22 U$)
Pan de molde, Lincoln, huevo frito, lomito ahumado, mornay, papas paille
Un gran y alto sándwich cuadrado, con lomito ahumado, salsa mornay, huevo frito y papas paillé. Un platillo más europeo en lógica, como un guiño local. No es protagonista en volumen, pero sí en identidad, y funciona como puente entre la cocina de hotel clásica y la lógica más relajada del bar.

CROQUE MADAME

El cierre dulce mantiene la misma lógica general de la carta: clásico, reconocible, pero con pequeños ajustes.
PANQUEQUE DE DULCE DE LECHE AHUMADO ($21.700)
Con naranjas caramelizadas y helado de sambayón.
Súper clásico porteño en formato pañuelo doblado, de dulzor profundo pero equilibrado por elementos que evitan saturación, como los dos gajos de naranjas caramelizadas y la bocha de un helado nivel Dios. Ideal para acompañar el Negroni Vigilante.

PANQUEQUE DE DULCE DE LECHE AHUMADO

En conjunto, lo que se ve es una propuesta gastronómica que no busca destacarse por complejidad sino por inteligencia operativa: platos reconocibles, bien ejecutados, organizados en secciones claras y con precios de contexto “hotelero” 5*.

En una escena coctelera que creció enormemente en los últimos años para consolidar a Buenos Aires al Top 3 mundial, Pony Line ya no necesita posicionarse. Su diferencial hoy está en la concepción y lectura del mercado objetivo, con consistencia y una operación que entiende perfectamente dónde está parado. Tanto, que no omite tener varios whiskies de lujo y una variedad de destilados premium, como para atender a cualquier paladar del mundo.

Autor de Nota haciendo periodismo de bares como ninguno

En un segmento donde muchos todavía buscan identidad, otros ni siquiera se lo preguntan, Pony Line ya la construyó y la sostiene todos los días. Sin perder un centímetro.

Fundador de Revista BAR and DRINKS el 24/sept.1999, cuya 1° edición salió a la calle el 1/febr.2000. Con estudios cursados en Ciencias de la Comunicación (U.B.A.) y en diseño gráfico, comenzó a forjar una larga trayectoria en el rubro Bares desde 1995. Único periodista especializado en Bares y en Bebidas espirituosas/coctelería, lleva recorridas y reseñadas un centenar de plantas productivas de bebidas alc. en todo el planeta (40 de las cuales, de whisky en Escocia, Irlanda, EE.UU., Japón, Perú y México). Más de 1000 bares por el mundo; creador y organizador desde 2001 de la plataforma de premiación de Bares más longeva del mundo (#baranddrinksawards); también ha sido consultor de casi todas las empresas de bebidas conocidas y hasta de PromPerú en el desarrollo del Pisco en el mercado externo

Hola ¿Quieres recibir notificaciones sobre las últimas actualizaciones? No Si