En una esquina amplia de Palermo Soho, en Gurruchaga y José Cabrera, donde aun sobreviven rastros visibles del viejo barrio porteño previo al boom gastronómico y turístico, LO DE JESÚS sigue funcionando como una rareza cada vez más escasa: un restaurante que conserva auténtica atmósfera de almacén y bodegón tradicional, pero que al mismo tiempo se convirtió en una de las parrillas más conocidas por el turismo internacional que visita Buenos Aires.

La sensación aparece apenas uno entra. La esquina mantiene esa arquitectura típica de antiguo almacén de barrio, con techos altos, madera, cartelería clásica, mesas sobre veredas amplias y cubiertas, circulación permanente de gente y un clima que mezcla parrilla tradicional, restaurante porteño histórico y punto de encuentro cosmopolita.

Llama particularmente la atención el enorme sector exterior: las veredas aparecen completamente integradas al restaurante mediante cerramientos laterales con ligustrinas, techos de chapa que incluso incorporan los frondosos árboles de la calle y una iluminación con lámparas antiguas que rara vez se ve en espacios exteriores gastronómicos porteños. Realmente parece ingresar a un sitio que carga encima más de 70 años de historia viva, algo que hoy en Palermo ya resulta bastante difícil de encontrar.

No es casualidad. La historia del lugar efectivamente empezó como un almacén de ramos generales y despacho de jamón crudo y vermú fundado en 1953. El actual grupo gastronómico familiar Sammartino —integrado hoy por Jerónimo Sammartino junto a su padre Martín y sus hermanos Emiliano y Tiziano— tomó el espacio en 2003, cuando Palermo todavía parecía lejos del fenómeno turístico internacional actual. Según nos comentó Jerónimo –que ahora aparece seguido en el instagram del restaurante-, el objetivo desde el inicio fue preservar el espíritu original del lugar. “Mi padre pasa por acá, ve el local y dice: ‘Me encanta este lugar, lo quiero tomar’. Ya se imaginaba un Palermo lleno de turistas buscando lugares auténticos”.

La decisión fue mantener la identidad del viejo almacén prácticamente intacta. Incluso Don Jesús —el verdadero personaje detrás del nombre— siguió yendo durante años a cortar jamón crudo. Lo de Jesús nunca intentó parecer un bodegón porteño, ya lo era antes de que Palermo se transformara en un polo gastronómico global.

Eso aparece incluso en viejos artículos periodísticos enmarcados dentro del salón, donde se describe al restaurante como un clásico frecuentado históricamente por trabajadores inmigrantes italianos y españoles, además de remarcar ya hace décadas la fuerte presencia de turistas brasileños y estadounidenses.

La ambientación ayuda a reforzar esa sensación. En el interior todavía sobreviven una vieja barra clásica, enormes estanterías de madera repletas de botellas históricas y etiquetas que parecen detenidas en otra época. Entre ellas llaman particularmente la atención viejos ejemplares de Brancamenta, Cinzano Bianco y licor Bols Oro, que llevan décadas formando parte de la decoración del lugar.

Hoy, detrás de la imagen clásica de la parrilla existe en realidad una estructura gastronómica relevante. Durante y después de la pandemia el grupo desarrolló una fuerte expansión basada en delivery, centros de producción y dark kitchens, llegando a operar hoy 7 cocinas dedicadas exclusivamente al despacho por aplicaciones y una estructura de más de 300 empleados.
Actualmente el grupo cuenta con puntos de salida y producción en Palermo —a 1/2 cuadra de Lo de Jesús—, Belgrano, Caballito, Barrio Norte y Villa del Parque, mientras ya preparan una próxima apertura en Colegiales. El volumen que manejan a través de Rappi y PedidosYa resulta impresionante para un restaurante, y transformó al grupo en uno de los jugadores más fuertes del segmento delivery premium dentro de la ciudad.

Dentro del ecosistema aparecen marcas como LO DE JESÚS, LA MALBEQUERÍA, JANIO e IKEBANA, el último gran proyecto de restaurante japonés del grupo, ubicado en la esquina de Malabia y El Salvador (ver nota aquí), desarrollado junto al sushiman Esteban Leira.

Dentro de esa estructura se destaca LA MALBEQUERÍA, el wine bar contiguo a Lo de Jesús y conectado internamente con el restaurante. Aunque funciona como local independiente y tiene entrada propia, en la práctica ambos espacios operan como una misma experiencia gastronómica.

El lugar mantiene también esa estética de construcción antigua reciclada y renovada, con una pequeña barra frontal, mucha madera, cava visible y una dinámica muy fuerte de activaciones, degustaciones y encuentros vinculados al mundo del vino y las bodegas. La carta de vinos ronda las 500 etiquetas y atraviesa prácticamente todas las cepas relevantes de Argentina. Además, cuentan con cava abierta al público y varias líneas de vinos propios desarrolladas junto a winemakers y distintas regiones productivas.

Más allá de la expansión y del gran volumen de delivery que maneja el grupo, el corazón simbólico sigue estando en esta esquina de Palermo, donde el turismo internacional convive con habitués porteños. El propio staff reconoce que el público brasileño domina, seguido por estadounidenses, mexicanos y, cada vez más, de Colombia y Perú.

Esa presencia impacta incluso en la manera en que se recomiendan los cortes. “El ojo de bife es el que más ofrecemos porque tiene una textura más pastosa y funciona muy bien para gente que no está acostumbrada a comer carne todos los días”, nos explicó uno de los mozos. En cambio, el bife de chorizo aparece asociado al gusto más argentino y rioplatense. En Lo de Jesús el jugoso domina ampliamente los pedidos, especialmente entre turistas extranjeros. El equipo incluso adapta las recomendaciones según el corte y el punto solicitado, evitando por ejemplo sugerir ojo de bife para quienes prefieren carnes demasiado crudas.

La parrilla trabaja carnes cocidas a leña de espinillo y quebracho blanco, con una selección bien clásica que incluye bife de chorizo, ojo de bife, entraña, tira de asado, T-Bone y tomahawk. Aquí recomienda acompañarlo con vegetales grillados: boniatos, zanahorias orgánicas, morrones asados y gírgolas a las brasas.
La carta mantiene una estructura muy tradicional de bodegón parrillero, con algunos guiños más modernos. Las Entradas ofrecen 5 opciones, mientras que el sector “A las brasas” suma 6 alternativas de achuras y clásicos parrilleros. También aparecen 3 opciones de charcutería artesanal, 3 quesos artesanales argentinos, 4 ensaladas, 9 cortes principales de parrilla, 5 guarniciones clásicas, 4 vegetales grillados, 9 platos de cocina, 6 postres, además de una carta amplia de aperitivos, tragos clásicos y espirituosas.

Nuestra experiencia arrancó apenas nos sentamos con un APEROL SPRITZ ($11.000), muy bien construido, algo no tan habitual en restaurantes.
BURRATA CON TOMATES SECOS, PESTO DE ALBAHACA Y RÚCULA FRESCA ($arg.23.900), fue el comienzo y punto bien alto. Con tomates secos, pesto, rúcula y una panificación por encima de la media. De las mejores burratas probadas en el mercado.

BURRATA CON TOMATES SECOS, PESTO DE ALBAHACA Y RÚCULA FRESCA

– Achuras: PROVOLETA ESTACIONADA ($16.900), CHORIZO ($12.900), CHINCHULINES ($21.900) y MOLLEJAS ($54.900).
De menor a mayor, desde la provoleta, el chorizo dando un salto de calidad notable, los chinchulines sublimes (algo que además coincide con lo que cuenta el propio salón sobre el creciente entusiasmo de muchos turistas extranjeros, especialmente colombianos), y las mollejas bien. Las achuras de por sí ya satisfacen a cualquier comensal.

TOMAHAWK 1600 GRS ($89.000), fue una muestra superlativa de las Carnes. El corte impresiona desde el tamaño mismo, pensado claramente para compartir.

GÍRGOLAS A LAS BRASAS ($14.900) y ENSALADA DE RÚCULA, TOMATES CHERRY Y PARMESANO ($14.500). Las 2 guarniciones sugeridas para acompañar la carne. Las gírgolas funcionaron muy bien para el perfil ahumado y potente de la carne, mientras que la ensalada aportó el equilibrio necesario para bajar un poco el peso de la parrilla.

– MALBEQUERÍA GRAN RESERVA MALBEC 2024, una de las etiquetas propias del grupo, fue el vino probado. Según el sommelier Matías Brítez, estas líneas propias representan más del 50% del vino consumido en el restaurante, impulsadas tanto por recomendación del salón como por habitués que ya conocen las etiquetas.

Es que domina visualmente una gigantesca pizarra, donde aparecen destacados los vinos propios de la casa bajo etiquetas de Lo de Jesús y La Malbequería, con 4 opciones distintas para cada línea y un espumante método champenoise llamado “El Elegido”.

TIRAMISÚ “LO DE JESÚS” ($12.500) y los clásicos PANQUEQUES DE DULCE DE LECHE ($11.900), fueron el cierre elegido. El tiramisú mantiene un perfil bastante clásico y equilibrado, mientras que los panqueques exponen la identidad porteña que ningún bodegón debe omitir.

Para acompañar los deliciosos postres, elegimos al emperador supremo y Nro.1 de los cocktails mundiales hoy día: el NEGRONI (Campari, vermut rosso, Gin).
El servicio por último, es uno de los puntales de Lo de Jesús. El salón transmite oficio, experiencia y muchos años trabajando con turismo internacional. Hay manejo del ritmo de mesa, buenas recomendaciones, conocimiento real sobre los cortes y una estructura claramente acostumbrada a trabajar con volumen alto sin perder profesionalismo.

En un Palermo cada vez más homogéneo y estetizado, Lo de Jesús todavía mantiene la impresión de pertenecer a una Buenos Aires anterior. Una de almacenes, vermú, jamón crudo, parrilla y sobremesas largas, pero que al mismo tiempo logró reconvertirse en un grupo moderno, capaz de entender hacia dónde se mueve hoy el negocio de la gastronomía.

IG: @lodejesus

Fundador de Revista BAR and DRINKS el 24/sept.1999, cuya 1° edición salió a la calle el 1/febr.2000. Con estudios cursados en Ciencias de la Comunicación (U.B.A.) y en diseño gráfico, comenzó a forjar una larga trayectoria en el rubro Bares desde 1995. Único periodista especializado en Bares y en Bebidas espirituosas/coctelería, lleva recorridas y reseñadas un centenar de plantas productivas de bebidas alc. en todo el planeta (40 de las cuales, de whisky en Escocia, Irlanda, EE.UU., Japón, Perú y México). Más de 1000 bares por el mundo; creador y organizador desde 2001 de la plataforma de premiación de Bares más longeva del mundo (#baranddrinksawards); también ha sido consultor de casi todas las empresas de bebidas conocidas y hasta de PromPerú en el desarrollo del Pisco en el mercado externo

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