MANSIÓN MIHURA: UNA IMPRESIONANTE CASONA RESTAURADA, DOS BARES EN UNO Y UNA COCTELERÍA QUE JUEGA ENTRE LO VISIBLE Y LO OCULTO

Dentro del universo del RECOLETA GRAND HOTEL, adherido a la cadena internacional MARRIOTT, Mansión Mihura se posiciona como uno de los novísimos proyectos, más ambiciosos y complejos de la escena porteña. No es simplemente un bar: es una experiencia montada dentro de una imponente casona histórica de 1920, ubicada en la primera cuadra de Av. Las Heras cuando se angosta luego de cruzar Av. Callao, en la zona de Recoleta.



Una mansión que responde claramente al lenguaje de la arquitectura académica francesa (Beaux-Arts), que fue la referencia dominante en Recoleta y en los barrios más aristocráticos de Buenos Aires entre fines del siglo XIX y las décadas de 1910–1930. Épocas en que la elite argentina tenía una obsesión muy clara: París como modelo cultural absoluto. Ese estilo —traído por arquitectos formados en París o directamente importado— buscaba replicar los hôtels particuliers franceses, residencias urbanas de la elite.




En Buenos Aires se adaptó a casonas urbanas de gran escala como esta, con fachadas simétricas, molduras, cornisas y ornamentación clásica, aberturas altas y proporciones monumentales y escaleras importantes, muchas veces en mármol. Pero sobre todo, la actual entrada era una para carruajes, y luego autos tempranos, que va a desembocar en un patio interno, donde realizaron el evento lanzamiento el jueves 26/marzo.


La experiencia comienza incluso antes de sentarse. De la mano de la talentosa y simpática jefa de barra GUILLERMINA USQUEDA recorrimos gran parte de la mansión. “Existía la parte del hotel con una torre. Luego, después de un proyecto arquitectónico muy grande, la familia propietaria compra toda esta mansión histórica que pertenecía a la familia Mihura, luego vendido a la familia Anchorena. Se había edificado en 1920 con la mejor fachada, pero en un momento entró en un estado de abandono. Y es ahí donde Ian Kupchik la compra, hace unos 10 años y comenzó a hacerse un trabajo de puesta en valor larguísimo”, nos relató en exclusiva Guillermina.
Los Kupchik son una familia que vive en Nueva York y vienen mucho a Argentina porque justamente poseen el hotel, más dos en Iguazú y otro en Punta del Este.

“Todas las aberturas, puertas, los marcos, las ventanas, cada pieza de los pisos fue puesta una por una con un número específico…. O sea, fue un trabajo muy puntilloso y de mucha espera. Respetando lo original, porque es un patrimonio histórico. En esta mansión no se puede derribar una pared y hacer algo fuera de lo original, sino que había que adaptarse a la estructura. Y de allí nace todo este proyecto enorme”, prosiguió.





BAR & NIGHT CLUB DE ESTRENO
La recién estrenada barra de Mihura no es una sola. Se trata de una antesala bautizada THE PARLOR –“el diálogo”– donde se inicia la experiencia, y detrás, atravesando unas centenarias puertas, un espacio colindero bautizado “THE SERPENT CLUB”. Dentro se aprecia una pequeña sala tipo nightclub, con iluminación baja y toda en rojo, mesas bajas para grupos, una barra más pequeña, una araña central imponente, música en vivo con DJ y una acústica muy cuidada para el nivel de volumen. Dos caras de un mismo Bar.




COCTELERÍA “CONCRETA”
En la barra de The Parlor, se desempeñan 5 bartenders, entre estos Lula Sánchez (con paso por Malloy’s y Sofá Bar), aplicando la creativa carta desarrollada por Guillermina y el asesor Ignacio Maggio, bartender argentino radicado hace varios años en Ecuador. Chubutense de 29 años, Usqueda recaló en el hotel a principios de mayo de 2025, luego de pasar los últimos años por Francis (Córdoba), Casa Cavia y 878.




La propuesta líquida se organiza bajo el concepto “CONCRETA”, inspirado en la música concreta: sonidos que están, pero no siempre se identifican de manera directa. Por eso es una “playlist de cocteles“, como la llaman allí. En este caso, ingredientes que aparecen en capas, a veces evidentes, a veces no.
Eso lo tradujeron en una carta de autor compuesta por cócteles de perfil fresco, con fuerte presencia de carbonatación y lógica de volumen. Todos con un precio unificado de $16.000, lo que simplifica la lectura y posiciona la propuesta en un rango competitivo para el nivel de experiencia.

Probamos prácticamente toda la carta de autor, a excepción de uno, lo que permitió entender no solo la ejecución técnica sino también la intención detrás de cada receta.


COLLINS N°4
Licor Strega, gin, frambuesa, sauco, soda
Clarificado, preciso, con una burbuja fina que sostiene la estructura. Desde la barra lo identifican como uno de los que mejor puede funcionar en volumen: accesible, fresco y con capas de sabor. Con gomita de lima limón como garnish comestible.


MODERN SPRITZ
Jerez, vermouth, Campari, gin especiado con yerba mate, soda
Otro de los que apunta a rotación alta. Bajo en alcohol, con perfil aperitivo y un trabajo interesante desde el gin especiado que suma complejidad, sin romper la lógica del spritz. Con hermosa hojita de decoración, no comestible.
PALOMA
Tequila silver cocinado con pieles de cítricos e hibisco, Cynar, marrasquino, soda
Uno de los más sólidos desde lo técnico. Carbonatación trabajada desde el inicio, con doble burbuja, y un equilibrio donde el tequila se percibe claramente pero sin saturar.

LA MULA
Whisky escocés y bourbon, jengibre, pimienta Sichuan, cítricos, soda
Más estructurado que un Moscow Mule tradicional. Picante controlado, especia bien integrada y buena persistencia.

PSYCHEDELIC GIMLET
Gin, licor Frangélico, cordial de lima y eneldo
Probablemente el más disruptivo. La avellana aparece en segunda capa, con un final herbal marcado. Un cóctel que se corre de lo esperable.

THE DAIQUIRI
Ron venezolano añejo, con manteca de cacao, pomelo, marrasquino, lima
Relectura del súper clásico Hemingway Special, que ahora se llama DAIQUIRI H. Más cuerpo, más textura, pero manteniendo frescura. Uno de los más equilibrados de la carta.

ENGAWA: LA CARTA QUE NO SE VE
Además de la carta visible, existe otra oculta: ENGAWA. No es un cóctel, sino un concepto. La misma se presenta en un pequeño papel dispuesto en la barra, enigmático y no tan fácil de comprender, porque propone un juego en complicidad con los bartenders.
En nuestro caso, probamos dos cócteles bajo esta lógica, donde la elección de una de las 3 preguntas disponibles, disparan la sugerencia de los bartenders. En el medio: ingredientes que no se explicitan del todo, sabores que aparecen de forma progresiva y una construcción narrativa que trata de enlazar. Son, en definitiva, dos caras de una misma moneda: la carta visible y la secreta.

ENGAWA
Jerez fino, sake, cognac, sirope de manzana y canela
Más que un cóctel, Engawa es un concepto. El nombre remite a ese espacio tradicional japonés de transición —una galería que no está ni completamente dentro ni fuera de la casa— desde donde se contempla el jardín, el entorno, el tiempo. Esa idea de pausa y observación se traduce en el vaso. La construcción es bien simple, pero ahí está la clave. “Tan simple y tan rico como eso”, explicó Guillermina. Un cóctel liviano, de bajo volumen alcohólico, donde las proporciones están ajustadas para que ningún elemento sobresalga y todo funcione en equilibrio.
Se presenta con una amarena Fabbri, en un vaso corto, reforzando esa idea de elegancia contenida. Es, quizás, el mejor ejemplo de la filosofía de la carta: menos es más, siempre que haya precisión.
Por cierto, “Clericó” fue el único que nos faltó probar, que lleva vino, frutas, soda.

PULSO
Vermut concreto (blend propio de vermuts blancos, rosso, whisky y notas de naranja), boisson majeure (licor especiado de la casa con más de 20 ingredientes)
Si Engawa representa la contemplación, este cóctel encarna el pulso del proyecto: la curiosidad. Guillermina lo explicó: “creemos que el pulso de la música viene de la curiosidad y de las ganas de compartir”. Y eso es exactamente lo que sucede acá. La base está construida sobre dos desarrollos propios. Por un lado, el vermut concreto, un blend de la casa que mezcla distintos vermuts —blancos, rosso— con pequeñas intervenciones de whisky y notas cítricas, utilizado también como columna vertebral para reinterpretar clásicos como el Negroni o el Manhattan. Por otro, el boisson majeure, un licor especiado elaborado in house con cerca de veinte ingredientes.
La clave no está en identificar cada uno de esos elementos —de hecho, no se declaran— sino en cómo funcionan en conjunto. Ninguno sobresale, todos operan como capas. “No es que puedas decir ‘esto es canela, esto es tal cosa’, sino que son parte de un todo”, aludió. Ahí aparece la conexión con la música concreta: sabores que están, pero cuya fuente no es evidente.
Servido en vaso largo, completamente clarificado, con una hoja de salvia como garnish, es un cóctel que no busca impacto inmediato sino construcción progresiva.

ALTA COCINA DE BAR
La cocina acompaña con inteligencia. No busca protagonismo excesivo, pero sí sorprende. Ahí aparece el trabajo de MAXIMILIANO MATSUMOTO, destacado chef con paso por la cocina de Tegui (del mediático Germán Martitegui, jurado de MasterChef) y por Uruguay. Hijo de familia japonesa y con una identidad que cruza técnica, producto local y guiños asiáticos, Maxi da un enfoque claro: platillos accesibles, directos pero con profundidad, pensados para acompañar la experiencia del bar sin sobrecargarla.

HAMBURGUESITA MINI DE WAGYU
Wagyu mini burger ($13.500)
Jugosa, intensa, con mayonesa de kimchi que aporta acidez y equilibrio, queso cheddar y papas rejilla con un polvo de hierba. De las mejores que existan en un bar de Argentina.

PAN CHATO A LA LEÑA
Huevo frito, labneh, pickles de cebolla, hierbas frescas, queso de cabra ($14.500)
Uno de los más interesantes en capas. Cremoso, ácido, herbal, símil pizzeta.

PERRITO CALIENTE
Relish de apio, pepinillo, mostaza y mayonesa trufada ($11.500)
Formato clásico llevado a un terreno más gastronómico, con un pan de brioche bien esponjoso. Tiene una salchichita envuelta en panceta, unos pickles de pepino, apio y cebolla roja.

POLLO FRITO, CHIMI VIETNAMITA
Fried chicken con chimichurri vietnamita ($11.500)
Crujiente con un alioli de chipotle y un chimi que lo realza.


HAND-ROLL DE RILLETTE DE TRUCHA
Trucha, huevas de trucha, cítricos fermentados, sriracha ($16.000)
Uno de los más logrados, en balance y sabor.

MILANESA DE GÍRGOLAS
Con béarnaise de hongos ($14.000)
Sorpresa absoluta, y punto mayor de la cocina de bar. Técnica y mucho sabor en un formato reconocible, con un pan descomunal!

HELADO DE MANÍ ($13.000)
Maní acaramelado y toffee de miso
Dulce con profundidad salina, como una vuelta de tuerca interesante.

AFFOGATO ($14.000)
Reversión de un súper clásico, aquí presentado sobre un plato cóncavo, y sabores esperables.

OTROS SECTORES Y LO QUE VIENE
En un salón contiguo al bar, ya en etapa final preparan la apertura de THE DINING ROOM, el restaurante de fine dining del complejo, con apertura prevista en las próximas semanas.





Este espacio en la planta alta, tiene una balconada de hierro forjado, de ensueño, que pinta la maravilla arquitectónica del centenario edificio. La misma da hacia THE ATRIUM, un patio interno con luz natural, barra propia, siendo un espacio amplio que con versatilidad ofrecen desayunos para huéspedes, como eventos y activaciones.







La propuesta estará bajo la creatividad del talentoso chef Maxi Matsumoto, y en la órbita del experimentado FEDERICO FIALAYRE, gerente de alimentos y bebidas del hotel, ex dueño del restaurante Tomo 1 en el Hotel Panamericano e hijo de Ada Cóncaro, una de las recordadas figuras más importantes de la cocina argentina.
“Estamos trabajando mucho además en The Parlor, generando especiales de jazz de 20 a 22, agregando unos livingcitos que lo vuelven más cozzy y dándole algunas mejoras a la ambientación. Esto de modo de darle a ese lugar una identidad propia, que contrastaría con la de The Serpent”, nos comentó el Gerente de AA.BB..

Guillermina Usqueda por último, nos hizo conocer también sectores del hotel, que conecta directo en la mitad de la extensión, con la mansión. La planta baja del Recoleta Grand cuenta con un lobby bar estilo cafetería llamado “Café de Prensa At Recoleta Grand”, con varios espacios para eventos corporativos y áreas de circulación amplias que conectan naturalmente con la propuesta gastronómica.





MANSIÓN MIHURA es un proyecto de escala, pero también de capas. Un bar doble, una carta visible y otra secreta, una cocina que acompaña y una arquitectura que impone. Un lugar que no busca ser inmediato, sino construirse a partir de la experiencia. Y ahí, justamente, está su mayor diferencial.





